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¿Ser indecisos es propio de ser inteligentes? PDF Print
Written by Ignacio Lirio   
Sunday, 21 July 2013 08:53
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Sin duda una de las imágenes que mejor podrían representar la figura del procrastinador es la del individuo bloqueado sentado delante de una hoja en blanco. Empezar a crear un escrito, un dibujo, un plano… y no saber por dónde empezar, o peor aún, empezar a crear y borrar acto seguido para reiniciar la tarea con otra idea supuestamente mejor, o concentrarse en unos eternos preparativos con la creencia de que dichos preparativos son esenciales para la compleción de la tarea en si…

Una vez más debemos recordar que la procrastinación es una conducta de evitación, una forma de eludir momentos que nos resultan incómodos o sencillamente poco placenteros, recurriendo al autoengaño.

Siendo esto así, es muy fácil calificar al procrastinador de holgazán o directamente de estúpido. Pero a menudo las cosas no son lo que parecen, e indagando un poco más en el fondo de la cuestión es posible que lleguemos a resultados paradójicos. A menudo se postergan tareas porque, al empezar a afrontarlas, se llega rápidamente a una situación de bloqueo mental aparentemente insuperable. Y aquí volvemos de nuevo a recurrir a la estampa del creador inmóvil y frustrado frente a su "papel en blanco". Lo que sucede es que las mentes que tienen muy desarrollada la creatividad pueden caer víctimas de ella y acabar en una suerte de "infierno improductivo". Al tener ante si tantas opciones e ideas, todas ellas buenas, la indecisión se apodera de la mente y se llega finalmente a una situación de bloqueo. La inteligencia creadora ha tomado el control y ha derrotado a la ejecutiva.
 
 

Llegados a ese punto, se opta por abandonar la tarea temporalmente. Salir a tomar un paseo, dedicarse a otras cosas, etc. puede ser una buena idea para intentar recargar algo de frescura y fuerza de voluntad para volver a encarar el problema creativo. Sin embargo, se corre el riesgo de que la tarea entre en la espiral descendente de la procrastinación (que, recordemos, termina en el abandono definitivo de la misma y por consiguiente en el fracaso total).

¿La indecisión es propio de gente estúpida? Según algunas originales teorías que últimamente aparecen en el campo de las ciencias de la información, podría ser que no solamente fuera así si no que fuera justamente todo lo contrario.

Según una hipótesis del Dr. Alexander Wissner-Gross, la evolución del universo, con su creciente grado de entropía, está destinada a "crear la inteligencia". Según una serie de experimentos computacionales llevados a cabo con un software creado a tal efecto llamado Entropica, el equipo de Wissner-Gross parece demostrar que la tendencia del universo a crear cada vez más y más desorden (de nuevo, entropía) tiene como consecuencia aumentar progresivamente el espectro de posibilidades que un sistema puede tener abiertas como posibles soluciones a su evolución.

En una simulación en vídeo, se pueden ver varios sistemas de ejemplos como evolucionan naturalmente con el tiempo hacia una situación que parece contradecir los principios más elementales de la física. Esto es, que todos sistema tiende a una configuración de mínima energía, donde ya no queda nada que hacer o esperar. Un péndulo en reposo no tiene más opciones que mantenerse así, una pelota que cayó al suelo ya no puede pasar de ahí, etc. Sin embargo, en las simulaciones de Wissner, los sistemas evolucionan espontáneamente hacia un estado en el que las posibilidades son máximas, en la que existen el máximo número de trayectorias como posibles soluciones o salidas, lo que se compara como un comportamiento "inteligente". 
 
 

La inteligencia creadora, esa gran maravilla de la evolución de la que —mientras no sepamos descubrir lo contrario— somos el máximo exponente, es la que maximiza el número de posibles soluciones o respuestas a partir de unos datos de entrada, que pueden provenir de la experiencia directa de los sentidos o de la reflexión interior. Una mente con una inteligencia creadora muy desarrollada, será capaz de visualizar con agilidad las muchas posibilidades que pueden surgir a partir de una situación concreta, y fantasear con ellas hasta lograr plasmar una de ellas en la realidad, o no y perderse en divagaciones abstractas que jamás verán la luz. 

Y he aquí donde se produce la paradoja del bloqueo mental ante la hoja en blanco. Cuando la maestra ordena a los niños de su clase escribir una redacción o hacer un dibujo, seguramente algunos alumnos se queden bloqueados ante la hoja en blanco, pero los motivos pueden ser distintos o incluso, antagónicos. Mientras que habrá una porción de ellos que no sabrán cómo empezar porque no tienen la capacidad o conocimientos suficientes para ello, otros estarán concibiendo una infinidad de ideas que compiten entre sí dentro del cerebro. Al recrearse en dichas ideas, las manos que han de escribir o dibujar permanecen paralizadas. Desde fuera, ambos tipos de alumnos son igual de incompetentes, pero está claro que en realidad esto no es así. Por el contrario, aquellos alumnos que se encuentren en un feliz punto intermedio entre capacidad creativa y ejecutiva, podrán completar la tarea sin demasiados problemas y obtener una calificación razonablemente buena, pero difícilmente brillante. Y así se refleja de manera constante y machacona en las estadísticas académicas.

Quizá, intentando ligar todo ello a la hipótesis de Wissner, el maximicismo sería un rasgo característico de una inteligencia evolucionada. Superar entonces el conflicto entre esa inteligencia que maximiza las posibilidades y su conexión con la realidad mediante la inteligencia ejecutiva sería uno de los principales retos, si no el único, que la persona tiene ante sí cuando la procrastinación es un problema en su vida.

Last Updated on Sunday, 21 July 2013 09:07
 
La procrastinación y el "Wishful Thinking" PDF Print
Written by Ignacio Lirio   
Wednesday, 10 July 2013 12:18
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Una de las características fundamentales de las personas muy afectadas por la procrastinación es el elevado nivel de autoengaño que aparece en sus pensamientos. Recordemos que la procrastinación es fundamentalmente una conducta de evitación, que busca eludir lo que se supone que estamos obligados a hacer. Por lo tanto, es inevitable que surjan sentimientos de culpa o remordimiento. Nuestro cerebro, para combatir dichos sentimientos autodestructivos, recurre a mecanismos de defensa, y el principal es el autoengaño.

 

Existen varias formas en las que el autoengaño se manifiesta. Una puede ser la negación directa de unos hechos. Otra podría ser la invención de sofisticadas mentiras. Sin embargo, otra más sutil y muy extendida entre todos nosotros —y acentuada en las personas procrastinadoras— es el denominado “Wishful Thinking”.

 

 

Podríamos definir el Wishful Thinking como la toma de decisiones basadas en creencias o inducciones sobre el futuro que a su vez se basan más bien en idealizaciones o arreglos de la realidad según nuestros deseos más que en crudas evidencias racionales sobre la situación.

 

Es decir, cuando somos presa de este tipo de pensamiento, planificamos nuestro futuro basándonos en estimaciones erróneas, demasiado sesgadas hacia cómo nos gustaría que fuera y no cómo pensamos que será si nos basáramos en un análisis más frío y riguroso de las circunstancias.

 

El Wishful Thinking, cuando se aplica a asuntos transpersonales (la política, la economía, etc.) nos puede conducir a la falacia, al menos dialéctica. Cuando se trata de gestionar nuestros propios asuntos o tareas, el Wishful Thinking nos lleva a realizar previsiones de futuro muy pobres, algo muy típico del procrastinador.

 

Por ejemplo, ante el encargo de un proyecto de cualquier tipo, tendemos a subestimar los plazos de finalización o el nivel de dificultad. “Tengo tiempo de sobra, la entrega es dentro de seis meses”, o “¡Esto lo hago yo en dos tardes!”. Situaciones que, probablemente, no nos sean ajenas ¿verdad?

 

En lengua castellana (español) este término anglosajón se solía conocer como el tradicional “Cuento de la Lechera”, y es mucho más frecuente de lo que nos pensamos. En general, las personas exitosas en términos de culminación de sus proyectos personales suelen estar en las antípodas del Wishful Thinking, y se concentran humildemente en el desempeño diario de sus tareas, intentando encontrar el disfrute en su realización paso a paso en lugar de perderse en ensoñaciones de un futuro esplendoroso que vendrá como por arte de magia y casi sin esfuerzo. Esto no quiere decir que tengamos que renunciar a soñar o incluso fantasear con situaciones de gran éxito y felicidad. Lo que no deberíamos hacer es dejarnos aprisionar por ellas y, al igual que ocurre con el Ego, acabar dominados por ellas y en lugar de lo contrario.

 

Quizá para evitar acabar frustrados presa de este Wishful Thinking o Cuento de la Lechera, sea preferible adoptar un esquema mental diferente en el que aceptemos que nuestros futuros éxitos serán la versión imperfecta de nuestros sueños y donde sepamos encontrar la satisfacción y el goce en el arte de la concentración en el instante presente. Otro consejo que tambien pueda ayudar es observar con una saludable mirada crítica aquellos mensajes que nos lleguen de las corrientes contemporáneas de Psicología Positiva, tan de moda hoy en día, y que intoxican a la población con sus mensajes de optimismo exagerado e irracional, del pensar que “tú puedes hacerlo” solo porque sí, o que, “al final todo saldrá bien, ya lo verás”...


Last Updated on Wednesday, 10 July 2013 12:30
 
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