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El "truco de los 10 minutos" PDF Print
Written by Ignacio Lirio   
Sunday, 14 June 2015 07:02
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Afrontar proyectos que merecen la pena pero que exigen esfuerzo y perseverancia no es algo fácil, ya que va en contra de nuestra natural tendencia a la procrastinación, a sentir esa "hueva" de empezar a hacerlo, y derivarnos hacia otras actividades menos productivas pero que nos satisfacen instantáneamente.

El autor David Kadavy explica en este artículo original su método "de los 10 minutos", que según él, le permitió sacar tiempo y ganas para escribir un libro que llego a estar entre los 20 más vendidos de Amazon.

¿En qué consiste su regla de los diez minutos?

 

 

Básicamente, en dedicarse a una tarea habitual, sea cual sea, los 10 minutos posteriores a levantarse de la cama por la mañana. Antes de desayunar, tomar un baño, checar el correo, etc.

Su hipótesis, según su experiencia, es que este pequeño hábito, fácil de adoptar ya que son solo 10 minutos (y luego ya nos espera el café, la ducha y el correo) pero que al final nos fuerzan a ese patrón de repetición que nos desvía de la ruta alternativa perezosa. Esos diez minutos se acaban convirtiendo en veinte, treinta... luego incluso una hora, etc. De este modo podremos llegar a finalizar la tarea o proyecto que nos hemos impuesto.

Según Kadavy, esta técnica está basada en el llamado Efecto Zeigarnik, según el cual las tareas inacabadas nos producen una sensación de desasosiego que hacen que sean más fáciles de recordar.

Se trata de una propuesta más, de un truco que puedes probar a incorporar para tratar de mitigar tus hábitos procrastinadores. En este blog puedes encontrar otros que van precisamente en la dirección contraria. Cada persona es un mundo, ¡encuentra el método que te resulte más eficaz!

¿Qué opinas? Puedes usar nuestra página en Facebook para comentarnos qué te ha parecido esta propuesta. 

 

Last Updated on Sunday, 14 June 2015 07:37
 
Listas de tareas más útiles PDF Print
Written by Ignacio Lirio   
Saturday, 10 January 2015 09:21
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La procrastinación se aborda desde la escuela de pensamiento del GTD como un problema más que afecta a nuestra productividad personal o laboral. Sin dejar de ser esto cierto, a menudo se banaliza un poco este fenómeno y se receta al pobre procrastinador una buena dosis de herramientas y técnicas para mejorar la productividad. Una de las más básicas es la socorrida Lista de Tareas. Desde la solución clásica de apuntarlas en una libretita de papel hasta la más sofisticada aplicación para móviles, el anotar en un listado nuestras tareas pendientes junto con su prioridad, fecha de vencimiento, etc. frecuentemente se ofrece como la solución obvia y definitiva que curará los males de las personas procrastinadoras.

Según los resultados del sondeo sobre la procrastinación que elaboramos para este blog, junto con numerosos comentarios acerca de ello, la efectividad de las listas de tareas y herramientas similares parece ser muy limitada. Hacemos listas de tareas para procrastinar consultarla o actualizarla, y éstas se acaban conviertiendo en un siniestro "hall of fame" de nuestros proyectos abandonados favoritos...

Y no es que estos listados sean ineficaces de por sí, si no que quizá estén obviando que una tarea pendiente no es algo del todo frío y mecánico, un simple proceso que computar, y que basta con clasificar dichas tareas según su orden de prioridad, para empezar a ejecutarlas en ese mismo orden. Me parece una aproximación poco realista desde el punto de vista humano. Todas las tareas mentales que realizamos (entendiendo por "mentales" aquellas que requieren un esfuerzo intelectual consciente) tienen un coste para el Ego, se cobran un peaje de nuestro crédito inicial de Fuerza de Voluntad disponible. Cuando una tarea es urgente y "quema" en nuestra lista de tareas —porque la hemos estado procrastinando anteriormente— aunque ésta sea sencilla o corta de implementar (¡puede ser una simple llamada de teléfono!) afrontarla nos cuesta un precio muy caro en término de Erosión del Ego, aunque posteriormente sintamos el alivio e impulso motivacional al haberla completado y habernos deshecho de ella. Si además la tarea resulta tediosa o complicada, ese alivio se verá neutralizado por la enorme pérdida de Ego que habremos padecido por el camino. Todo esto, combinado con el lógico y concomitante cansancio físico, hace que dichas tareas no sean fáciles de clasificar en el Listado: si se colocan al inicio, corremos el riesgo de abandonar el resto de tareas porque ya no nos sentimos con fuerzas para afrontarlas. Si por el contrario y para evitar ese riesgo la dejamos para el final, corremos aún si cabe más riesgos, a saber: que hayamos consumido el tiempo material para ponernos a ello, o que ya de entrada no nos quede suficiente crédito de Fuerza de Voluntad (Ego) para afrontarla con éxito, por lo que sistemáticamente optamos por el "Mañana la hago". O sea, se cierra el círculo vicioso de la procrastinación.

 

 

Quizá sería buena idea incorporar dentro de las herramientas de GTD un campo de información destinado a que evaluemos de manera honesta (las listas de tareas han de realizarse en estados lo más emocionalmente liberos posible) no solamente la cantidad de tiempo que nos supondrá ejectuar la tarea (tiempo que casi siempre se tiende a subestimar) si no también el peaje de desgaste del Ego que nos va a suponer. De este modo, se podría planificar una jornada productiva de una forma más eficiente. ¿No creen?

Last Updated on Saturday, 10 January 2015 09:48
 
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