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Written by Ignacio Lirio
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Friday, 03 May 2013 06:02 |
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Hace un tiempo publicábamos en este blog un artículo llamado "¡Empieza el día procrastinando!". En él se planteaba una estrategia aparentemente contradictoria para combatir la procrastinación en la jornada laboral: iniciarla con un instante dedicado a nuestras distracciones en lugar de con las tareas obligatorias del trabajo, para evitar un vaciado temprano de nuestra fuerza de voluntad. Bien, ahora en este artículo proponemos finalizar también el día procrastinando las tareas. Esta propuesta, que puede parecer al principio muy poco seria, que parece invitar a la postergación indefinida y a la holgazanería, es justamente lo contrario. Durante toda nuestra jornada laboral, disponemos de tres factores que se van dosificando a lo largo del día: la Motivación, la Fuerza de Voluntad y la Inspiración. De la conjugación de las tres dependerá en buena parte la productividad del día. Analicemos uno a uno cada uno de estos factores: - Motivación: la motivación es lógicamente esencial para la consecución de nuestros proyectos y conseguir dejar relegada a la procrastinación. Cuando estamos desmotivados aumentan nuestras ganas de buscar ansiosamente una vía de escape, cualquier forma de zafarse de nuestras obligaciones que no consiguen motivarnos lo más mínimo. De los tres factores, la motivación es la más volátil o fluctuante durante el día. Típicamente está alta al principio, cuando tras un descanso reparador y un buen desayuno afrontamos la jornada con esperanzas en nuestros proyectos y tareas. Pero ésta es muy influenciable, y cualquier suceso por pequeño que parezca puede minar nuestra motivación (una respuesta antipática de un compañero, un error inesperado en la computadora, etc.). Debido a ésto y a que la motivación se alimenta de buenas noticias —de 'feedback' positivo— es posible que paradójicamente casi al final del día consigamos una inyección de motivación si hemos administrado bien las tareas precedentes, y empecemos a ver sus resultados positivos entonces. Es por eso que, en el diagrama propuesto en este artículo, la motivación tiene su fase más elevada casi al final de la jornada.
- Fuerza de voluntad: el comportamiento de este factor esencial es más simple, menos volátil. Es bien conocido por psicólogos, sociólogos y expertos en márketing que iniciamos el día cargados de fuerza de voluntad que se va desvaneciendo progresivamente a medida que nuestra mente se va fatigando fruto del estrés y el cansancio de tomar decisiones durante todo el día. Algunos experimentos clínicos (Baumeister, 2009) parecen demostrar que esta fuerza de voluntad se puede restablecer temporalmente tras un aporte de glucosa en sangre, es decir, tras comer algo o tomar una bebida azucarada. Aún así, al final de la jornada nuestra fuerza de voluntad está exhausta y es por eso que hay que evitar tomar decisiones relevantes o de responsabilidad en esa hora del día, ya que la probabilidad de elegir una mala opción es más elevada.
- Inspiración: de una forma similar a la forma física, la inspiración o creatividad se encuentra mejor en la tarde que en la mañana, o incluso en horario vespertino. Es frecuente que las personas que tienen un trabajo eminentemente creativo (diseño, escritura, arquitectura, etc.) tengan sus momentos de trabajo más intensos al final de la tarde o durante la noche.
Teniendo esto en cuenta, he aquí un diagrama que propone un ejemplo sobre cómo prorratear nuestras tareas durante un horario laboral típico, cotejado con la intensidad de estas tres variables: Motivación, Fuerza de Voluntad e Inspiración. Así por ejemplo se puede iniciar el día procrastinando durante un breve tiempo, lo cual afianzará nuestra motivación y calmará brevemente nuestra "necesidad" de evitar las tareas perentorias. Posteriormente, se plantea dedicar un buen rato a tareas que no requieren de especial creatividad o inspiración, pero que requieren de una gran dosis de Fuerza de Voluntad: enviar esos correosos e-mails que hace tiempo que esperan, escribir esos informes o presupuestos tediosos, etc. Si decidimos postergar estas tareas, es muy probable que no las acabemos haciendo, ya que más adelante en el día careceremos de una fuerza de voluntad mínima para afrontarlas. Una vez finalizadas estas tareas, más o menos al final de la mañana, nuestra motivación se refuerza pero habremos gastado una dosis importante de nuestra fuerza de voluntad, por lo que es el momento óptimo para un breve descanso y una "inyección de glucosa" en forma —por ejemplo— de un café que nos repondrá un poco de esa dosis gastada. Tras este breve receso, es el momento para las tareas más sencillas y monótonas, aunque sean de responsabilidad, ya que en este periodo todavía conservamos algo de voluntad y motivación pero todavía no viene la inspiración. Intercalar algunos breves ratos para procrastinar en compañía (para que haya un refuerzo grupal para regresar a las tareas) puede ayudar a ir reforzando la motivación. Tras la pausa necesaria del almuerzo, volvemos a elevar nuestro nivel de glucosa y nos relajamos, pero una vuelta súbita al trabajo podría resultar letal tanto para la motivación como para la fuerza de voluntad, así que puede ser justo tras la hora de la comida que nos dediquemos a aquellas tareas más dinámicas que requieran salir a la calle o en general al aire libre. Si no es el caso, dedicar un rato a un paseo puede ser equivalente. En este punto puede haber alguien que se eche las manos a la cabeza y vea este paseo como un acto de holgazanería inconcebible, una absurda pérdida de tiempo valioso durante la jornada laboral.
Nada más lejos de la realidad. Una de las creencias erróneas más clásica en Productividad es considerar el tiempo como algo monótono y lineal. Que si dedicamos el doble de horas, produciremos el doble, etc. Este paseo será una preparación para la porción más productiva si cabe del día, una inyección final de motivación, inspiración y fuerza de voluntad para afrontar la fase final de la jornada. Es por eso que al volver al trabajo y tras otro providencial café (o inyección de azúcar equivalente) debemos aprovechar para liquidar las últimas tareas que requieran responsabilidad, o que sean tediosas. Una buena opción es administrar las posibles respuestas de los mensajes que enviamos al principio de la mañana. Después, nuestra fuerza de voluntad ya empieza a flaquear pero ésto es compensado por una motivación revivida si hemos conseguido ya ver los primeros réditos de nuestras tareas completadas durante el día. Es el momento de concentrarse en aquellas tareas más inspiracionales, ya que ahora nuestro cerebro ha consumido suficiente información y está "en forma" para empezar a dar respuestas creativas.
Finalmente, si todo ha ido razonablemente bien, podemos darnos una pequeña recompensa con un último instante de procrastinación, de dedicarnos a aquellas naderías que nos producen una frívola satisfacción y que no requieren de una especial fuerza de voluntad o implican una alta responsabilidad. Obviamente, ésta es solamente una de las múltiples propuestas posibles, y es probable que tus pautas de conducta en tu jornada laboral sean muy similares a la aquí propuesta. Te invito a que la adaptes a tus necesidades particulares teniendo en cuenta el fondo de la cuestión y la pongas en práctica. No harás que desaparezca la procrastinación pero ésta se convertirá en un actor más del día, y sus efectos serán casi inocuos, cuando no aliados de tus objetivos.
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Last Updated on Friday, 03 May 2013 07:03 |
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Written by Ignacio Lirio
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Saturday, 28 April 2012 08:39 |
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La inmensa mayoría de los artículos en este blog se han dedicado a describir qué entendemos por procrastinación, mediante análisis, analogías, ejemplos, etc. En un intento de no parecer reiterativo, me he planteado utilizar una estrategia algo distinta para aportar algo más, pero distinto, al estudio de este fenómeno social. Finalmente he decidido apostar por atacar el tema mediante la descripción de su contrario, de su concepto antagónico. La pregunta de partida era: ¿Qué sería lo opuesto a la Procrastinación? ¿Cómo es el perfil del “antiprocrastinador”? La respuesta a la que llegué, primero por impulso y luego por convergencia, fue la siguiente: lo contrario de la procrastinación es Penetrar en la Realidad. Es cierto que esta frase así, suelta, puede sonar tan contundente como vacía o pretenciosa. Así que requiere de una argumentación más o menos consistente para avanzar. Allá vamos, pues.
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Last Updated on Saturday, 28 April 2012 08:57 |
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Written by Ignacio Lirio
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Tuesday, 06 December 2011 23:35 |
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Repasando los comentarios que los usuarios escriben en este blog, me encuentro con uno que me llama especialmente la atención. Cito parcial pero textualmente el comentario concreto de Uriel: ¿Cómo salir del hoyo creativo? Una de tantas tareas que me produce procrastinación: cuando estoy redactando un resumen en Word, me pierdo en los interminables cambios y ajustes motivados con los pensamientos de "de qué otra forma puedo redactar esta idea; y si intento mejor eso otro?" y "cómo se verá mejor? qué fuente, tamaño, color se verá mejor". [...]
Este patrón es bastante frecuente entre aquellas personas que padecen la procrastinación en procesos creativos. ¡Ojo! cuando hablo de procesos creativos lo hago de forma literal, no solamente a aquellas personas que se dedican a las "artes canónicas". Redactar un e-mail es un proceso creativo sin duda alguna. Uno de los principales amigos de la procrastinación y por lo tanto enemigos del procrastinador es el Perfeccionismo. Muchas tareas y por ende proyectos se quedan estancados por culpa de una enfocarlos con una mentalidad perfeccionista o demasiado detallista. Las dudas, al igual que en el caso de Uriel, nos asaltan constantemente ("¿Cómo quedaría esto de otro modo? ¡No me convence cómo quedó este párrago!) y acaban por literalmente devorar nuestro poco tiempo disponible. Al final los proyectos no avanzan y caen en un triste abandono debido a que invertimos gran parte del tiempo regodeándonos en nuestras dudas sobre si lo que estábamos haciendo era el máximo, estaba al 100% bien. A pesar de que buscar la perfección es un sentimiento loable, la verdad es que las utopías no se llevan muy bien con la realidad. Al igual que es reprochable que existan muchas personas que rechacen la perfección, o incluso lo bueno (aristofobia) y se sientan satisfechas despachando cualquier asunto de manera mediocre, también es reprochable un este perfeccionismo paralizante. Hace tiempo alguien me habló de la filosofía Kaizen. La palabra Kaizen, que proviene del idioma japonés, vendría a significar algo así como "mejora progresiva", y es una práctica que incide en la idea de "primero se hace, después se mejora". La filosofía Kaizen se suele implantar en los procesos productivos de fábricas, pero bien se podría extrapolar en la productividad personal.
En la perspectiva Kaizen, el primer objetivo es finalizar la producción de lo que se busca producir. Posterior e inmediatamente, se repasa tanto el producto como el proceso de producción, desglosándolo en cada una de sus partes en búsqueda de dónde se puede mejorar, y cómo. Una vez realizado dicho estudio, que se hace ya sin las prisas de tener que finalizar el producto, se reinicia el proceso de producción de una "versión 2.0" pero esta vez implementando las mejoras que ya están redactadas y listas para su ejecución. Y así sucesivamente. Así, la filosofía Kaizen no renuncia a aspirar a la perfección, pero lo hace integrando la imperfección durante el proceso a ella. O, como se menciona en el blog Hábitos Vitales, "Abrazando la imperfección". Lógicamente el Kaizen no es un camino de rosas, sobre todo en aquellas personas que tienen que desarrollar un proyecto creativo más extenso. Un director de cine tiene que repetir muchas veces las escenas del rodaje (aspira a la perfección de su obra) pero le resulta amargo tener que volver sobre sus pasos y revisitar la misma, por eso no suelen ver sus propias películas una vez finalizadas; al igual que al escritor lo que más le cuesta es repasar su novela o su ensayo desde el principio que le parece lejano en busca de errores y modificaciones. Si no lo hiciera, su obra sería cuanto menos imperfecta cuando no mediocre. Si por el contrario se regodea en repasarla a cada rato, caerá en la parálisis realizadora y las musas de la creatividad huirán despavoridas para quién sabe si volver algún día, dejando paso a los fantasmas de la procrastinación. Por ejemplo he de confesar que a día de hoy no estoy 100% contento con este blog. Se que hay muchas cosas que mejorar en muchos aspectos y otras que añadir o quitar. Pero si me hubiera quedado paralizado en esos pensamientos jamás habría salido a la luz y, con todas sus imperfecciones, ya ha sido leído y siendo leído por muchas personas que, habida cuenta de sus comentarios, lo encuentran de utilidad. Así que, amigo/a que te encuentras en mitad de un arduo proceso creativo (y que quizá hayas venido a parar a esta página en una de esas parálisis perfeccionistas improductiva), un consejo: CORTA y posteriormente RECORTA.
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Last Updated on Wednesday, 07 December 2011 00:16 |
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El libro
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